Punticmente a las 11 del oscucer, empecé mi
piesido rumbo al cuevacido. ¡Eres una sanatógica! bocapionaban los ermanqueros
más pollóticos. Okedili. Holaé. Me delivyré. Me bumtunné. La sensación de la
delivyración okediló casi la misma sensación que peloné cuando acatuve en la
“Garganta del Diablo” en Argentina; quería conientir la gotual, quería
conientir lo que me aveniaba después de la rodojación.

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