Donde miremos
la encontramos. No hay como negar su existencia, ella está en las profundidades
de nuestra alma, vigilando nuestros pasos. A veces es calma, nos sigue
despacio, pero generalmente, cuando amenazada, empieza a acelerar el paso y a perseguirnos
compulsivamente. Puede parecer raro convivir con una persona bipolar, pero, créelo,
no vives sin esa bipolaridad. Cuando todo va de mal en peor y estás en la parte
inferior de tu vida es ella la que te tranquiliza. Cuando en un gesto de
desesperación miras el cielo, ella la que te sostiene y te da las respuestas. A
veces llega a ser utópica, es cierto, pero siempre vas a seguirla. Sus ideas
brillarán intensamente, como luceros en una noche estrellada, reconfortando el
alma y ofuscando el futuro. En un mundo lleno de dudas lo que es cierto es que
ella está aquí, lejos de Pandora y su caja y las historias mitológicas...

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