Hacía un año que Alejandro había se mudado para
aquella vecindad. Le gustaba mucho caminar por las calles tranquilas y respirar
el aire de la mañana. En su camino, a algunas cuadras de su casa, había en una
esquina una casa que parecía abandonada. Siempre que pasaba enfrente de esta
casa, se quedaba intrigado y se preguntaba si alguien viviría allí, pues nunca
veía a nadie, ni escuchaba nada, ningún movimiento.
Una mañana soleada despertó muy contento y
como de costumbre salió para su caminada. Venía caminando distraído por aquella
esquina cuando tuvo la sensación de estar siendo observado. Entonces paró enfrente
de la casa y vio una chica pelirroja en una de las ventanas. Una vez más se
quedó con dudas, quién sería, ya que nunca había visto ninguna persona en la
casa. Después de este día, siempre veía a la chica en la ventana. Pasado un
tiempo percibió que la chica no aparecía más, y nuevamente no veía a nadie, hasta
que se olvidó.
Un día cuando Alejandro está llegando a casa
avistó desde la escalera un paquete en su puerta. Se quedó pensativo, ¿que
sería eso? Coge el envoltorio y busca alguna indicación, pero no hay nada. Mira
a su alrededor, alrededor de su casa y no ve a nadie. Incluso creyéndolo todo
muy extraño, entra en casa cargando aquel volumen. Se dirige a la sala de
estar, saca la envoltura, y para su sorpresa quita un cuadro. Alejandro permanece
parado por un momento y raciocina, ¿quién había dejado aquel cuadro y porqué? Y
lo más curioso: una pintura de una ventana, solamente una ventana. Mientras mira
el cuadro y tiene por un instante la impresión de ya haber visto aquella imagen,
pero ahora no consigue recordar dónde.
Dejando a un lado todo este misterio, Alejandro
mira por toda la sala de estar, como alguien que busca cualquier cosa distinta.
Contempla la enorme habitación, observa la chimenea y ve allí el lugar ideal
para ponerlo. Hace mucho procuraba algo a fin de ocupar aquel espacio, y ahora
tenía lo que quería, pues el cuadro quedó perfecto, parecía hecho para aquella pared.
Nuevamente mirándolo hace un esfuerzo más para acordarse de si ya había visto
aquella ventana, pues le parecía muy familiar, pero no obtuvo éxito. Así, fue dormir
muy feliz.
Después de una buena noche de sueño Alejandro
se levanta bien dispuesto, y como de costumbre se prepara para su caminada
matinal. Pero cuando pasa por la sala de estar siente una impresión fuerte,
parece que está siendo observado, sin embargo está solo en la habitación, y esto
le provoca un escalofrío. En ese momento parece que el cuadro lo llama, él se gira,
mira el cuadro y se queda perplejo. Con su rostro aterrorizado ve la chica misteriosa
en la ventana.
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ResponEliminaEnhorabuena, tu cuento es ingenioso y muy bien planteado. Es bonito y me ha gustado. Un saludo
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