La fiesta era por su divorcio y curiosamente la familia de su ex esposo también estaba presente. Julia lo había preparado todo durante muchos meses, desde cuando empezaron las traiciones por ambos lados y la cuerda floja era el inevitable camino.
Firmar el divorcio fue solo uno de los actos simbólicos pensados por ella. Ahora, faltaba realizar el gran final: una fiesta circense. “Nada mejor que un circo para representar todos esos 15 años de matrimonio”, gritaba feliz a los invitados de la fiesta.
Todos disfrutaban de las presentaciones, entre payasos, animales exóticos y figuras extravagantes, mientras esperaban ansiosamente por la actuación de la trapecista, la estrella del grupo circense. Amelia era una joven de 20 años, pelo negro y piel blanca. Sus ojos eran como dos perlas negras. Julia la contemplaba hipnotizada.
Amelia voló… voló como un pájaro, alto y libre. Los invitados, anestesiados, se complacían con los movimientos y todo el dulzor de su actuación.
Tras realizar su magnífica presentación, Amelia caminó entre los invitados, recibiendo felicitaciones por el éxito de su exhibición. Julia fue directamente a su encuentro y le dio un fuerte abrazo, de esos que uno da con las mayores intenciones de gratitud; al menos era eso lo que trasparecía.
La trapecista, así como los demás integrantes del circo, siguieron animando a los invitados algún tiempo… la bebida y la comida eran en una cantidad incalculable, digna de una fiesta cinematográfica; así como todo el desarrollar de aquella noche donde las horas parecían interminables y con algunas situaciones por venir.
Ya era entrada la madrugada, entre copas derramadas , gente dormida, meseros agotados… contractualmente ya había terminado la participación del circo pero tal vez faltaba el “gran final”. En el momento en que Amelie fue a cambiarse las ropas y los zapatos, un súbito susto le acomete: ha sufrido una picadura de uno de los animales del circo: el escorpión.
Fue desesperante… llamaron a la emergencia y enseguida un equipo médico estaba disponible. Tras realizar los primeros procedimientos a Amelie, el doctor comentó que era imprescindible llevarla al hospital para que se pudiera seguir con los cuidados.
Julia estaba desesperada ya que se sentía culpable por toda aquella situación de vida o muerte: había creado toda esa condición hacia Amelie, incluso la manipulación del peligroso animal en las vestimentas de la trapecista, ya que esta era amante de su ex esposo. La venganza fue más allá del susto…
El médico se quedó mirando los ojos de la dueña de la fiesta. Los ojos decían tanto. Sus ojos eran como dos perlas negras. Julia lo contemplaba hipnotizada como si fueran dos perlas ya conocidas. El doctor dijo que no se preocupara, que el dueño del circo iba a acompañarlos en la ambulancia y le entregó una tarjeta con su teléfono.
En este momento, al leer los datos: Dr Ricardo Sanchez, las memorias vinieron… memorias de una antigua amistad, un amor no vivido, de aquellos que la vida muchas veces rompe y el destino reúne…
De repente el silencio de las miradas fueron interrumpidas por ruidos y por las luces del escenario.
Mientras ocurrían las palmas finales de aquél espectáculo, Eduardo le preguntó a Julia si una fiesta circense sería ideal para la conmemoración de sus 15 años de matrimonio. Sin una respuesta inmediata, Eduardo preguntó una vez más, seguido de un “¿me oyes?” Julia saliendo de su temporal trance contestó: ¡sí!, para una conmemoración…

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