dimarts, 28 de juny del 2016

El último día de vacaciones 


Lucia era una mujer muy bonita y hermosa, tenía treinta y dos años, pero era muy triste y solitaria, no tenía un amor ni siquiera hijos. Todo que soñaba era vivir en Méjico, conocer a alguien que la hiciese respirar aún más profundo. Ya estaba cansada de vivir en Barcelona, quería tener una experiencia de vida en otro lugar, totalmente distinto de lo que ya estaba acostumbrada. Su vida se resumía en trabajar demasiadas horas y por los fines pasear con su perro. Muy decidida, cogió todo el dinero que había juntado para hacer un viaje. Compró los billetes de avión, alquiló una habitación en un hotel y así se fue a Méjico. Tuvo tiempo de planear todo, pero, se había olvidado de alquilar a un coche. No sería posible pasear mucho sin gastar tanto con otra conducción. Lo que ella no imaginaba era que esto lo pasaría a alguien más. Ella estaba llamando a un taxi, cuando llegó, informó a donde quería irse. Un muchacho que estaba cerca la escucho y pidió que fuesen juntos del aeropuerto hacia el hotel. Ella tardó un poco a contestarle, estaba perpleja pensando cómo sería posible tanta belleza en un solo hombre, y qué ojos azules…
Finalmente, le contestó y fueron juntos al hotel. Por todo el camino platicaron sobre la profesión de cada uno, que les gustaba hacer en los tiempos libres, donde les gustaría vivir entre otros asuntos. Él era realmente muy simpático y comunicativo, la encantaba cada vez más con sus historias de vida. Para la sorpresa de ambos, se quedaron en el mismo piso del hotel. Muy gentil la ofreció ayuda para cargar los bolsos, al mismo tiempo tres viejitas pasaban por el pasillo, ellas les miraron con una ironía, que despertó a Lucia una curiosidad.
El día siguiente, ella estaba desayunando, en el hotel mismo, cuando Gabriel, aquél hombre de los ojos azules llegó. Esta amistad fue aumentando cada día más. Todos los días el inventaba una nueva programación para salir con ella. El lunes era el día del cine, el marte de conocer los puntos turísticos, miércoles salir a cenar en un restaurante muy caro. Y por ahí siguieron por más o menos diez días. Un día Lucia estaba esperando Gabriel en la entrada del hotel, cuando las tres viejitas llegaron y empezaron a hablar con ella. Cuestión de segundos todo lo que imaginaba del hombre que estaba pasando días tan lindos, se acabó. Ella descubrió que él era músico, y no estaba en la ciudad por que la empresa que trabajaba le había enviado allá, y si por una tournée de su grupo. Tantas cosas pasaron por su cabeza, y la primera era que la palabra de él no valía nada. Pero así mismo quise preguntar si era verdad, ya imaginando que la respuesta sería que sí era músico y que él había engañado a muchas muchachas para lograr lo que quería. Lucia se sintió como una adolescente otra vez, viviendo una desilusión amorosa.
Le espero en su dormitorio, y cuando él llegó, la encontró con una expresión de triste pero enfadada al mismo tiempo. Empezaron a hablar, creo que por muchas horas él intentó explicar la situación. Él dijo que se enamoró de ella desde la primera mirada, no supo qué decir, ya que ella era algunos años mayor que él, parecí tener una vida increíble en Barcelona, una profesión bien reconocida, y también le toco pensar que por ella ser una profesora de Universidad no la  gustaría ser novia de un simple músico solitario. Explicó que cuando un mejicano se enamora de verdad, intenta de todo para lograr el corazón de la amada, mismo con toda la explicación ella se despidió de él, dijo que no conseguía con mentiras. También dijo que no quería vivir más decepciones, por eso le pidió que la dejase aprovechar el último día de sus vacaciones.
Nada contento con eso, Miguel se puso a pensar en una sorpresa a Lucia. Durante todo el día hizo muchas cosas por ella. La envió una carta pidiendo perdón, llamo a la camarera y la pidió que llevase una rosa en su dormitorio, entre otras cosas. Pero nada pasaba, ella no quería dejar el dormitorio. Él tenía que cantar por la noche en un restaurante cerca del hotel que estaba, pero no conseguía. Planeo todo que quería hacer, cuando llegó cerca del balcón del dormitorio de Lucia, empezó a cantar. No tardo mucho ella abrió la ventana para escucharlo por la primera vez, al final sacó del bolsillo del pantalón una rosa con una sorpresa dentro. Un anillo muy bonito, que pertenecía a la abuela de él. Pidió su mano en matrimonio y con lágrimas en el rostro dijo que sí.
Cuando imaginaria Lucia, hacer un viaje corto de quince días y regresar novia de un mejicano.    






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