El último día de vacaciones
Lucia era una mujer
muy bonita y hermosa, tenía treinta y dos años, pero era muy triste y
solitaria, no tenía un amor ni siquiera hijos. Todo que soñaba era vivir en
Méjico, conocer a alguien que la hiciese respirar aún más profundo. Ya estaba
cansada de vivir en Barcelona, quería tener una experiencia de vida en otro
lugar, totalmente distinto de lo que ya estaba acostumbrada. Su vida se resumía
en trabajar demasiadas horas y por los fines pasear con su perro. Muy decidida,
cogió todo el dinero que había juntado para hacer un viaje. Compró los billetes
de avión, alquiló una habitación en un hotel y así se fue a Méjico. Tuvo tiempo
de planear todo, pero, se había olvidado de alquilar a un coche. No sería
posible pasear mucho sin gastar tanto con otra conducción. Lo que ella no
imaginaba era que esto lo pasaría a alguien más. Ella estaba llamando a un
taxi, cuando llegó, informó a donde quería irse. Un muchacho que estaba cerca
la escucho y pidió que fuesen juntos del aeropuerto hacia el hotel. Ella tardó
un poco a contestarle, estaba perpleja pensando cómo sería posible tanta
belleza en un solo hombre, y qué ojos azules…
Finalmente, le
contestó y fueron juntos al hotel. Por todo el camino platicaron sobre la
profesión de cada uno, que les gustaba hacer en los tiempos libres, donde les
gustaría vivir entre otros asuntos. Él era realmente muy simpático y
comunicativo, la encantaba cada vez más con sus historias de vida. Para la
sorpresa de ambos, se quedaron en el mismo piso del hotel. Muy gentil la
ofreció ayuda para cargar los bolsos, al mismo tiempo tres viejitas pasaban por
el pasillo, ellas les miraron con una ironía, que despertó a Lucia una
curiosidad.
El día siguiente,
ella estaba desayunando, en el hotel mismo, cuando Gabriel, aquél hombre de los
ojos azules llegó. Esta amistad fue aumentando cada día más. Todos los días el
inventaba una nueva programación para salir con ella. El lunes era el día del cine,
el marte de conocer los puntos turísticos, miércoles salir a cenar en un
restaurante muy caro. Y por ahí siguieron por más o menos diez días. Un día
Lucia estaba esperando Gabriel en la entrada del hotel, cuando las tres
viejitas llegaron y empezaron a hablar con ella. Cuestión de segundos todo lo
que imaginaba del hombre que estaba pasando días tan lindos, se acabó. Ella
descubrió que él era músico, y no estaba en la ciudad por que la empresa que
trabajaba le había enviado allá, y si por una tournée de su grupo. Tantas cosas
pasaron por su cabeza, y la primera era que la palabra de él no valía nada.
Pero así mismo quise preguntar si era verdad, ya imaginando que la respuesta
sería que sí era músico y que él había engañado a muchas muchachas para lograr
lo que quería. Lucia se sintió como una adolescente otra vez, viviendo una desilusión
amorosa.
Le espero en su dormitorio,
y cuando él llegó, la encontró con una expresión de triste pero enfadada al
mismo tiempo. Empezaron a hablar, creo que por muchas horas él intentó explicar
la situación. Él dijo que se enamoró de ella desde la primera mirada, no supo
qué decir, ya que ella era algunos años mayor que él, parecí tener una vida
increíble en Barcelona, una profesión bien reconocida, y también le toco pensar
que por ella ser una profesora de Universidad no la gustaría ser novia de un simple músico solitario.
Explicó que cuando un mejicano se enamora de verdad, intenta de todo para
lograr el corazón de la amada, mismo con toda la explicación ella se despidió
de él, dijo que no conseguía con mentiras. También dijo que no quería vivir más
decepciones, por eso le pidió que la dejase aprovechar el último día de sus
vacaciones.
Nada contento con
eso, Miguel se puso a pensar en una sorpresa a Lucia. Durante todo el día hizo
muchas cosas por ella. La envió una carta pidiendo perdón, llamo a la camarera
y la pidió que llevase una rosa en su dormitorio, entre otras cosas. Pero nada
pasaba, ella no quería dejar el dormitorio. Él tenía que cantar por la noche en
un restaurante cerca del hotel que estaba, pero no conseguía. Planeo todo que quería
hacer, cuando llegó cerca del balcón del dormitorio de Lucia, empezó a cantar.
No tardo mucho ella abrió la ventana para escucharlo por la primera vez, al
final sacó del bolsillo del pantalón una rosa con una sorpresa dentro. Un
anillo muy bonito, que pertenecía a la abuela de él. Pidió su mano en
matrimonio y con lágrimas en el rostro dijo que sí.
Cuando imaginaria
Lucia, hacer un viaje corto de quince días y regresar novia de un mejicano.

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