Miraba largamente
el hilo de luz que reflejaba en la superficie húmeda de la roca, sentía los
ratones rozaren sus pies entumecidos, el aire pútrido adentrarse sus fosas
nasales y esperaba..... Esperaba una luz al final del túnel, una salvación en
medio a la oscuridad impenetrable de su cautiverio, ¿Quizás una respuesta
divina? Había estudiado todas las preguntas, pero las respuestas.... Bien,
mejor esperar.
He dedicado
toda su vida a una causa, única y exclusivamente religiosa. Había leído todas
las escrituras sagradas, los papiros interminables y pergaminos ancestrales. Había
pasado años oyendo las enseñanzas de la Biblia y sus verdades, cada evangelio. Escribía
y filosofaba mucho enseñando sus pupilos para el sacerdocio, siempre los
cuestionando con preguntas y más preguntas........ Ahora era él que buscaba las
respuestas, aprisionado.
A veces,
cuando recibía su precaria comida de su carcelero morisco, se preguntaba qué
habría hecho para merecer aquel fin. Todo lo que ha hecho fue diseminar
conocimiento, nada más que lo más puro, humilde y verdadero conocimiento. No merecía
aquél fin, aquél espera interminable.....
Ahora, cómo
si la espera no fuera suficiente, aguantaba el dolor lacerante de las heridas abiertas
y la debilidad de la desnutrición. Sentía los últimos hilos de la vida, sabía
que era el final de la cadena, había llegado la hora..... Apagó..............
Un mar de sentimientos
lo involucró en aquella caída hacia el infinito, agitando su alma. Veía su
mundo se alejar delante de sus ojos mientras descendía, atraído por una fuerza sobrehumana
que lo arrastraba para las profundidades
de lo desconocido. Sentía su cuerpo leve, cómo una pluma, libre de dolor
material, de los fracasos de la vida y de la presencia de su tirano raptor.
En el final
de la caída mira una luz, que quedaba cada vez más fuerte. Debía ser el purgatorio
llevando su alma para el juicio, el santo purgatorio...... ¡Cómo esperó ese
día! ¡Después de esperar tanto finalmente tendría las respuestas!
Su caída
paró en un bloque sólido en medio al infinito. Un tipo de caja abierta que se cerró,
cómo una caja de zapatos con mayor proporción. Las paredes blancas del bloque reflejaban
su imagen, ahora con mejor apariencia, pero no tuvo juicio, para su perplejidad.
Lo que
sucedió fue que observó las paredes se quedaren más estrechas, hasta formar un
pasadizo de piedra que daba en una escalera interminable, que ignoraba las
leyes de la física, formando un laberinto de escalones y puertas. Cada puerta tenía
un nombre, de los más variados, cómo soberbia,
ira y esperanza, pero ningún purgatorio, tampoco infierno o paraíso.
El
sacerdote empezó a estremecer frente a la verdad, o su ausencia. Desesperado subió
interminablemente las escaleras buscando respuestas, alguna luz divina, pero no
encontró nada, todo era neutro......
Rechazó todas
las puertas, sublevado con las voluntades del más allá y, cuando estaba exhausto, enfadado con
las circunstancias de su muerte y las injusticias de la vida, acaba petrificado
ante una puerta. No sé si por asombro o impaciencia, pero finalmente encuentra
las respuestas.
Todo estaba
claro, las respuestas estaban más cerca do que tenía imaginado, pero influido
por sus teorías no miraba más que las sombras del calabozo............
El motivo
de su ceguera estaba escrito en la puerta:
Negación.
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